De parte de alguien que ya pasa de pretender que está todo bajo control
Si Internet no se equivoca, me quedan exactamente 151 días para cumplir los 30. O sea menos de cinco meses. Menos de medio año. ¿Cómo es posible?
Hace años, llegar a la década de los 30 me parecía EL evento. Una meta de persona adulta con todo claro en la vida. Si me preguntas ahora, te diría que en absoluto me siento así. Me acabo de mudar con mi novio y nuestra casa es un pequeño desastre porque, oh sorpresa, arreglarla como nos gustaría cuesta dinero. Y mucho más de lo que me podía pensar hace años. Con algo de suerte —y ganas— pintaremos las tres habitaciones críticas pronto, porque de verdad que no puedo más con ese amarillo mustio que me rodea. Quizá hasta ponemos la televisión donde toca. Y hasta ahí puedo contar, al menos por ahora.
Ser adulto es… raro. Y mucho más difícil de cómo lo pintaban.
¿Y si hablamos de trabajo? Mira, yo me imaginaba con 30 años como una super directiva del marketing. Y sí, el título lo tengo, teóricamente, pero en absoluto se traduce en la vida real. En mi mente, iba a vestir con trajes impolutos, llevar bolsos tan estructurados como mi vida, iría de reunión en reunión haciendo presentaciones importantes y viajando de vez en cuando por trabajo.
Cambio de planes. Esa versión no existe —todavía—. Y probablemente no ocurra en un futuro cercano. Por ahora, la sensación es la de no existir para nadie. Quizá porque justo mi rol no existía hasta mi llegada a la empresa donde estoy ahora mismo. Aún así, no sabes lo frustrante que resulta el no ser incluida, no saber cuál es mim lugar, sentirme sin autoridad en mi rol. Lo llaman ser adulto. Yo me quedo con que es una mezcla del síndrome del impostor y una crisis de identidad.
Y luego está la lista interminable de cosas que hay que hacer en una casa. Que si colada, compras, cocinar, limpiar… por decir algo, vaya. ¿Nuestras madres eran superheroínas o qué? Porque a veces lo único que quiero es volver a tener diez años, llegar a casa del cole, comer un trozo de pan con chocolate mientras veo La Banda del Patio, hacer los deberes, jugar un poco y fingir que me he dormido en el sofá del salón para que mi padre me lleve en brazos a la cama.
Casi 30. Con más dudas que nunca. Pero oye, toda una vida por delante para descubrir de qué va esto, para construir mi camino y poco a poco aprender sobre la vida.
XOXO
Clau
